ENFERMOS MISIONEROS 

 

¡Cristo sufre contigo!

 
La Iglesia te repite:
¡Animo, Dios no te ha olvidado!
Y, tú ofreciendo tus sufrimientos,
puedes colaborar con Él para redimir el mundo

 

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Un episodio hebreo narra que un discípulo preguntó a su maestro:
¿Por qué los buenos sufren más que los malos?

 

El maestro respondió:
un hombre tenía dos vacas, una fuerte y la otra débil ¿A cuál de las dos le puso el yugo?
Obviamente a aquella fuerte – responde el discípulo.
El maestro concluyó:
lo mismo hace el misericordioso: para que el mundo siga adelante pone el yugo a los buenos.
El Papa Juan Pablo II será recordado de modo particular por su relación con el sufrimiento y con los enfermos. Un día hablando a los enfermos les dijo: “aunque por su condición física, están débiles y enfermos, al mismo tiempo son también muy poderosos, muy potentes así como es potente Jesucristo crucificado. En efecto nuestra fuerza está en nuestra semejanza a Él.

Tratemos de emplear ese poder para el bien de la Iglesia, de nuestros vecinos, de nuestras familias, de nuestra patria y de toda la humanidad. Y también por el bien del ministerio del Papa que, bajo otros aspectos, es muy débil.

 

Es muy hermoso lo que dijo el Papa Juan Pablo II a los jóvenes en 1997

“Maestro, ¿donde vives?”.
“Vengan y verán”.
Encontrarán a Jesús allí donde los hombres sufren y esperan: en los pequeños pueblos diseminados en los continentes, aparentemente al margen de la historia, como era Nazaret cuando Dios envió su Ángel a María.
“Vengan y verán” :Jesús vive en los enfermos de cáncer, de sida, en los moribundos...
“Vengan y verán” :el gozo y la esperanza de muchos hombres y mujeres que sufren...,y estos hombres y mujeres, estos lugares de sufrimiento son un verdadero testimonio del Evangelio, una buena noticia.
Por eso decimos que allí entre los hombres y las mujeres está la casa de Jesús.
En el prefacio de la Oración Eucarística leemos: “Él manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos...Él nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano. Su vida y su palabra son para nosotros la prueba de su amor.
 

 

EL ENFERMO TIENE

UNA MISION QUE CUMPLIR

Para San Pablo, la enfermedad es una oportunidad para poder anunciar el Evangelio:
“Pues bien saben que una enfermedad me dio ocasión para evangelizaros por primera vez” (Gal 4,12-14).
La Iglesia nos dice también que el enfermo tiene una misión por cumplir y un testimonio que dar.
La comunidad cristiana debe aprender a descubrir que el enfermo no es un miembro pasivo de la misma, sino que nos ayuda a mejorar, y nos evangeliza:
-Ayudándonos a ser realista en un mundo que vive de apariencias, de espaldas a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte.
-Siendo testigo que enseña a relativizar los valores.
-Llamándonos a vivir y recuperar valores fundamentales del Evangelio: gratuidad, servicio, amor...
-Invitándonos a la solidaridad, el amor y al sacrificio: nos llama a ser sensible ante las necesidades, solidarios; nos llama al amor desinteresado.
-El enfermo nos evangeliza mostrando el rostro de Jesús
-Nos evangeliza siendo un testigo vivo, cuando vive con sentido cristiano cada una de las etapas de su enfermedad.

    El día mundial de los enfermos se celebrará el 11 de febrero de 2005 en Yaoundé, Camerún, África, en el santuario de María Reina de los Apóstoles.
    La tradicional cultura africana manifestada en artísticas celebraciones, tanto civiles como religiosas, llenas de sentido gozoso, de ritmo y de musicalidad son el entorno propicio para la finalidad de este día que es: Promover la reflexión sobre la noción de salud que en su acepción más completa se refiere también a una situación de armonía del ser humano consigo mismo y con el mundo que lo rodea.
    La solicitud de la Iglesia hacia los problemas de África no está movida únicamente por razones filantrópicas hacia el hombre necesitado, sino que está animada también por la adhesión a Cristo Redentor, cuyo rostro ella reconoce en los rasgos de la persona que sufre.
Por tanto es la fe la que le mueve a comprometerse plenamente para curar a los enfermos.
Es la esperanza la que le hace capaz de perseverar en esta misión, no obstante los innumerables obstáculos que encuentra.
    Es la caridad la que le hace salir al encuentro de los heridos por la vida para ofrecerles el amor de Cristo mediante las numerosas formas de ayuda que la fantasía de la caridad le sugiere para socorrerlos.

Al concluir el Concilio Vaticano II, los Padres conciliares dirigieron a los que sufren el siguiente mensaje:

“..¡Oh ustedes que sienten más pesadamente el peso de la cruz!

Ustedes que son pobres y desamparados, los que lloran, los que están perseguidos por la justicia, ustedes sobre los que se calla, ustedes los desconocidos del dolor, tengan ánimo; son los preferidos del Reino de Dios, el Reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; son los hermanos de Cristo paciente, y con Él, si quieren, salvan el mundo!”.

 

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