Presencia Misionera Nº 56 - octubre 2006

Discípulos y Misioneros de Jesucristo

Editorial
La Hermana Carla hacia Nabasanuka
¡Si el Evangelio es verdadero, tengo que anunciarlo!
Hoy continúa la Misión sin interrupción

A la Misión se llega por diferentes caminos

Fe = Serenidad
Notimisión
Oración
Prueba tu conocimiento del Evangelio

No puedes quedarte indiferente ante los problemas de los pueblos

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EDITORIAL

Queridos Hermanos de ADEM:

 

La Iglesia desde sus inicios se ha caracterizado  por dos grandes aspectos de la vida del hombre, uno por el Anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo, y por otro lado en la ayuda a los más necesitados, entre ellos los enfermos, a quienes Jesucristo cuando pasaba de un pueblo a otro y entre las multitudes se compadecía y les curaba según relatan los evangelios.

 

Ahora bien, para vivir en la presencia viva y permanente de Jesucristo es necesario hacer las dos prácticas, una misionera y la otra de caridad; pero cómo hacer entonces para unificar estas dos realidades, una de vivir la Buena Nueva de Jesús en una sola unidad de servicio apostólico, es decir, cómo unir la misión y la atención a los más necesitados? Tenemos la repuesta, desde una perspectiva misionera que gira en torno a los objetivos que presenta ADEM (Agrupación de Enfermos Misioneros); cuya labor está en: “Llegar a las personas que tienen alguna enfermedad, sea larga o crónica, no sólo con un mensaje de esperanza, sino que, desde su condición, se sientan personas que se encuentren en situaciones similares, es decir, es tener una solidaridad tanto con el dolor propio y con el de los semejantes”.

 

El enfermo se convierte en misionero desde su propia experiencia y, comparte con otras personas su TESTIMONIO de aceptación del dolor y amor a la vida, ofreciendo su sufrimiento por aquellos que se encuentran en tierras de Misión Ad gentes.

 

Es necesario destacar que muchos Agentes Evangelizadores, Sacerdotes, Misioneros, religiosos y religiosas que se encuentran entre aquellos pueblos, comunidades, grupos humanos y contextos socioculturales donde se desconoce a Cristo y su evangelio, son sostenido por el ofrecimiento del dolor humano que llega a través de enfermos y enfermas que dan parte de su sufrimiento para el éxito apostólico de la Misión, quedando dicho que la Misión no es sostenida únicamente por los misioneros, sino que detrás de ellos hay toda una comunidad eclesial que con su oración, a través del padecimiento, se sostiene la Misión.

 

En Venezuela, esta labor tiene sus años de sostenimiento, gracias a la Animación Misionera de la Hermana Carla Pianca (Misionera de la Consolata) quien desde hace 11 años esta al frente de ADEM y a quien todo el equipo que presta sus servicios en las OMP, los Delegados Diocesanos de Misión y el Departamento de Misiones de la CEV le damos las Gracias a Dios por su presencia entre nosotros, dando así la bienvenida a la Hna. Pierina Msigala  (Misionera de la Consolata). Deseamos una fructífera labor a la Hna. Carla en su nuevo destino en la Misión Ad Gentes de Nabasanuka (Vicariato de Tucupita) y a la Hna. Pierina quien se encargará como Secretaria Nacional del servicio de ADEM.

 

Dios y la Virgen María, les sostenga en medio del sufrimiento y dolor, sabiendo que todo sufrimiento tiene sentido redentor. Él les acompañe a ofrecer todas las molestias físicas, causadas por la enfermedad, por la conversión de todos los pecadores.

 

Pbro. José Rafael Romero Linares

 

 

15.gif (5061 bytes)Queridos Ancianos y Enfermos Misioneros,

 

              Hace ya unos años que nos venimos saludando desde estas páginas de Presencia Misionera, al mismo tiempo que nos vamos animando a rezar, a ofrecer nuestras jornadas y a vivir para la misión.

 

              Una vez más este folleto les hará sentir la misión cerca, ustedes podrán darse cuenta ,leyendo, que trabajar para la Misión es una aventura que siempre reserva sorpresas.

El Espíritu de Dios que es,  verdadero protagonista de la Misión, va preparando los acontecimientos y si nos dejamos guiar por Él, puede ser que nuestros planes cambien, pero podremos descubrir nuestra verdadera misión.

 

Allí nuestros hermanos, que necesitan de alguien que los ayude a solucionar algún problema, nos esperan; y el misionero al mismo tiempo en que siente la satisfacción de haber servido para la alegría y el bienestar de los demás, es recompensado con la satisfacción de haber ganado en calidades humanas y espirituales, que enriquecen la persona mucho más que las riquezas materiales.

 

Queridos Ancianos y Enfermos, valga recordar a este punto unas palabras de la Redemptoris Missio: “En efecto son esta numerosas obras de caridad las que atestiguan el espíritu de toda la actividad misionera: el amor, que es y sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse”. (R.M. 60).

 

Así en este folleto encontraran ejemplos de personas que cumplieron con la misión, movidos por el Espíritu de Dios y los sentimientos de verdadero amor que el corazón les ha dictado, y dichosos nosotros si también tenemos como criterio de nuestro obrar el amor hacia Dios y hacia los hermanos.

 

Bueno esta vez la despedida es especial, ya que con octubre, yo realizaré la misión, no desde Caracas, en las oficinas de ADEM, sino desde Nabasanuka, entre los hermanos Warao, del estado Delta Amacuro.

No hay duda que será una manera nueva de compartir la vida y la fe, pero será seguramente un tiempo muy enriquecedor por la sabiduría, la sencillez, el aprecio de la vida y de la naturaleza del pueblo Warao, y por parte de los misioneros, que con octubre, vamos a establecernos en Nabasanuka también podremos ofrecer nuestra solidaridad y acompañamiento en las dificultades que pueden tener los habitantes de esos territorios desconocidos y olvidados por muchos de nosotros.

Quiero ahora hacer llegar a cada uno de ustedes unas palabras de agradecimiento por el aprecio y la colaboración que han tenido para con ADEM e invitarlos a seguir trabajando con el mismo entusiasmo fervor y alegría con la Hna. Pierina Msigala quien se quedará al frente de ADEM con el ánimo de seguir apoyando y mejorando esta noble labor de servir a los enfermos lo mejor que sea posible

Desde ya me encomiendo a las oraciones de todos Ustedes para que el Señor siga bendiciendo a todos sus hijos e hijas a donde sea que Él los llame a trabajar.

Con mucho cariño y como siempre unidos en la oración y el trabajo para la misión los saluda

Hna. Carla Pianca

 ¡Si el Evangelio es verdadero, tengo que anunciarlo!

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El gran apóstol San Pablo nos desafía acerca de cómo responder al amor de Dios y anunciarlo sin pensar que alguien hará, pero “me toca a mí”  como dice: “Predicar el Evangelio no es para mi ningún motivo de gloria; es mas bien un deber que me corresponde. Y ¡ay de mi si no predicara el Evangelio!” (1Cor.9, 16)

      Jesús  cuando nos invita para la misión, quiere respuesta personal sin mirar atrás para saber que hará el otro.  En el evangelio según San Juan, Jesús dijo  a Pedro: “Sígueme.” Pedro miró atrás y vio que lo seguía también el discípulo a quien Jesús más quería”… Pedro preguntó Señor ¿qué va a ser de éste? Jesús le contestó: “Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti que te importa? Tú, sígueme.” (Jn. 21,20-22)

 

Es un hecho que desde el Concilio Vaticano II la Iglesia ha venido insistiendo en que ella es comunidad y que nuestra pertenencia a ella está fundada en lazos de comunión y de participación en una misión común. Por ello para definirse a sí misma, la Iglesia no recurre tanto a definir roles sino que más bien nos confirma en que somos un pueblo, donde todos estamos llamados a la santidad y participamos de una vocación y de una misión común.

Caer en cuenta de que somos objetos predilectos de esta invitación puede ser un proceso largo para el cual es necesario disponerse, abrirse y dejar a Dios ser Dios.

Se trata, en efecto, de una vocación particular, personalizada: es a mí a quien el Señor invita a estar y trabajar con Él y ello, transforma muchas cosas en la vida y abre un largo y constante proceso de conversión personal.

Este proceso exige, con el tiempo, ir ganando una actitud

de discernimiento constante, de cara al Señor, de cualidades, valores, sentimientos, acciones, estilos aprendidos. Cuando Jesús ingresa en nuestras vidas debemos comenzar a desaprender y volver aprender guiados por el Espíritu y acompañados por la comunidad.

¿No es esto lo que sucedió a los Apóstoles y a los Profetas? Pensamos en Tomás después de la resurrección de Jesús, le costó aceptar que Jesús estaba vivo, no lo podía creer, él lo había visto muerto en la cruz.

Cuando Jesús entró en contacto con Tomás, no le quedó mas remedio que creer, entonces cae en la cuenta que Jesús vive y asombrado exclamó: 

Comprende que si Jesús está vivo,

entonces el Evangelio es verdadero, y su vida tiene que cambiar, que de ahora en adelante no puede callar lo que siente y su deber es anunciar, lo mismo que el profeta Jeremías:

“Por eso decidí no recordar más a Yahvé, ni hablar más de parte de Él. Pero sentí en mi algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía.” (Jeremías 20, 9).

 

El motor de la misión es el “Amor”.

“En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él” (Jn. 4, 9).

Dios envía a Jesús por amor hacia nosotros; Jesús acepta ser enviado por amor hacia el Padre y hacia nosotros. La Iglesia por mandato de Jesús sigue enviando misioneros que aceptan continuar el Plan de Dios por amor hacia Dios y hacia los hermanos, obedeciendo así al mandamiento del amor que nos dejó Cristo.

Poniendo al servicio de los demás los dones que Dios nos da, recibiremos el amor que nosotros mismos necesitamos para nuestra propia realización.

 

 

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Hoy continúa la Misión sin interrupción

Hace pocos días llegó a mis manos una postal en la que se leía:

“La vida es una belleza digna de admirarse,

es un sueño que debe ser realizado,

un juego que debe jugarse,

un canto que debemos cantar.” (Madre Teresa)

 

Su cometido me llevó a evocar en la memoria los distintos momentos de mi historia personal, deteniéndome en la etapa en que un abanico de múltiples caminos se abrían a mi elección, ofreciéndome la posibilidad de una realización personal como la que soñaba: ser feliz ofreciendo amor.

Pidiendo a Dios que me ilumine y esperando que me hable a través de las circunstancias, esperé que madurase alguna decisión. Mientras tanto, con mi flamante título de docente, me presenté a la distribución de cargos de “maestra rural” para las escuelas estatales del interior de la provincia de Formosa (Argentina), mi tierra natal. Me asignaron un primer grado en la escuela de “Gran Guardia”, un pueblito del interior al que solo se podía llegar con el tren de pasajeros dos veces por semana. Necesitaría varias páginas para describir la pobreza y soledad en que se encontraba la mayoría de las familias que enviaban sus hijos a esa escuela donde, además del cariño de las maestras tenían reparo durante los días de lluvia y una taza de mate cocido caliente con un pedazo de pan todos los días.

 

Dos breves anécdotas pueden ilustrar en parte la realidad de los niños de mi clase:

1.- pregunto un día a los alumnos por la inasistencia a clase de uno de los compañeritos y recibo como respuesta: “está en la policía porque robó una gallina para comérsela con la familia”. El niño era muy bueno, pero tenía hambre.

 

2.- Otro día ante una situación análoga me entero de que el pequeño estaba enfermo. Al ir a visitarlo conozco su vivienda hecha de algunas chapas colocadas debajo de un frondoso árbol rodeado por paredes de arpillera (tela con que se hacen bolsas de papas). Me ofrecen para sentarme un trozo de tronco de árbol. El pueblo no tenía médicos ni sacerdotes.

Desde aquel momento ya pasó mucho tiempo en que he constatado el hermoso recuerdo que llevan en el corazón quienes han pasado de alguna manera por las aulas de una escuela o colegio que les enseñó a amar a Dios y al prójimo con amor verdadero, y pude conocer como el amor que ellos han recibido lo difunden a su alrededor sea donde fuere el lugar donde se encuentren.

 

Como conclusión y como mensaje que con mayor fuerza desearía transmitir es que: cuando nos impulsa una gran pasión por querer unir con un amor universal a todos los miembros de la familia humana, sepamos que esto solo se logrará cuando cada ser humano descubra, a través de la amistad, lo que se puede lograr con el amor y lo que de sí mismo puede donar a los demás.

Solo a través del encuentro personal con cada ser humano se podrá conocer hasta dónde llega el dolor de innumerables víctimas de una sociedad que tanto daña a sus integrantes con la injusticia, el abandono, la marginación.

Solo el encuentro personal permite a través de la amistad desinteresada y fecunda dar el amor que cada ser humano necesita para ser consciente de su dignidad y lograr el desarrollo de sus capacidades. Por último, solo el encuentro personal nos permitirá ver hasta donde, poniendo al servicio de los demás los dones que Dios nos da, recibiremos el amor que nosotros mismos necesitamos para nuestra propia realización.

(Susana Leszcynski.)

 

 

 

A la Misión se llega por diferentes caminos

El Doctor Maradona descubrió el suyo...

 

El Doctor Maradona, nació el 4 de julio de 1895 en Esperanza (Santa fe, Argentina) encontró su vocación en la medicina a la cual se dedicó con todas sus fuerza graduándose como médico en 1926.

 

Trabajó con los leprosos

en la Isla Cerrito (Chaco)

 

 

  Al mismo tiempo se dedicó a dar conferencias sobre los accidentes de trabajo y los derechos de los obreros; lo cuál le significó la persecución de las autoridades locales, llegando al extremo de verse obligado a emigrar al

 

  

   Ahí se encontraba cuando se desencadenó la guerra del Chaco Boreal (conflicto

bélico  entre Bolivia y Paraguay que duró varios años, y que desangró ambos países hermanos) ofreciéndose para incorporarse como teniente primero  de sanidad en el Hospital Naval del Paraguay, pero con la condición que le permitan atender  a los heridos de los dos bandos en pugna.

 

Él mismo refiriéndose a esta etapa de su vida se expresa de esta manera: “Tengo un único fin humano y cristiano: el de restaurar las heridas de los pobres soldados que caen en el campo de batalla por incapacidad de los que gobiernan”.

 

           Cuando acabó la guerra donó los sueldos que les adeudaban a los huérfanos de guerra paraguayos y a la Cruz Roja Internacional.

 

Terminado este conflicto desea hacer un viaje de placer para conocer Tucumán, Salta y Jujuy, trayecto que hará con el ferrocarril.

Está también motivado a realizar este viaje por el hecho que un hermano suyo vive en Tucumán, y quiere hacerle una visita.

El 10 noviembre de 1935 mientras realiza ese viaje, el tren que lo llevaba hace una parada de tres horas en la estación Gauycurú (Formosa), mientras estaba esperando llega un grupo de personas desesperadas buscando si entre los pasajeros se encontraba algún médico para atender un parto que se presentaba con complicaciones.

 

El doctor Maradona acude para asistir la parturienta: Mercedes Almirón, de 16 años, y para ello tiene que ir hasta el monte, cuando vuelve el tren ha partido y tendría que esperar tres o cuatro días para que pasara nuevamente el tren.

 

traitht.gif (20556 bytes)Pierde el tren y...

se queda 51 años en ese lugar.

 

El motivo de esa decisión es el ver las condiciones de abandono en que vive aquella gente, tanto en salud como también en todo los otros aspectos que hacen a una vida digna, siendo sobre todo los aborígenes los más afectados por ello.

No se desentiende de la situación como muchas veces lo hacemos nosotros con el famoso “No es mi culpa”, ni tampoco se queda con la simple emoción frente a lo que sucede sino que se interroga a si mismo:

 

¿Qué puedo hacer frente a esto?

¿Cómo puedo colaborar

para que las cosas sean distintas?

Responde, no con un compromiso pasajero dedicando lo que sobra de su tiempo y de su vida, sino con un compromiso de vida que duró 50 años.

Refiriéndose a esta decisión, él mismo la explica de la siguiente manera: “había que tomar una decisión y la tomé, quedarme donde me necesitaban”.

Con su trabajo erradicó de ese lugar la tuberculosis, el cólera,  el paludismo y hasta la sífilis, que él entendía como el mal aportado por la civilización.

Respetando las costumbres ancestrales del lugar realizó su servicio de salud utilizando métodos y remedios caseros. Los habitantes del lugar comienzan a llamarlo “Plonga K”, que en la lengua pilagá significa “Doctor dios”. También le dicen con cariño “Doctor Cataplasma”, “El doctorcito Esteban”, “El Médico de los Pobres”.

Curó a todos los que llegaban hasta él sin importarle ninguna retribución. Fue perfectamente el médico de los pobres y los aborígenes tobas y pilagás. Por su servicio no cobraba nada, la gente le daba lo que podía y quería.

Aún hoy se puede visitar el rancho donde vivió en la localidad de Estanislao del Campo. Esta casa consta de una sola habitación (que es al mismo tiempo. Dormitorio, sala de estudio y consultorio), una galería y una pequeña cocina, la pared y el piso eran de ladrillos y el techo de zinc. La retreta y el aljibe que se encontraban en el patio, los compartía con la familia vecina. No tenía luz eléctrica.

No solo se dedicó a la salud sino que buscó el bienestar en  todos los sentidos, de quienes más sufrían el abandono: los aborígenes, y para ellos fundó en el año de 1948 la Colonia Juan Bautista Alberdi, donde se ubicaron 400 pobladores.

En ese lugar se enseñaba a leer y escribir, cultivar algodón y también a fabricar ladrillos.

 

Cuando se fundó la escuela, en esa colonia, el Doctor Maradona fue maestro por 3 años, hasta que llegó el nombramiento del gobierno y se pudo contratar a alguien, ya que se le podía pagar un sueldo. Esta escuela es considerada     por algunos como la primera escuela bilingüe del país, ya que impartía las clases, utilizando en parte la lengua nativa aborigen.

 

Cuando se enfermó, un sobrino, que reside en la ciudad de Rosario, el Dr. José Ignacio Maradona y su esposa Amelia quisieron darle atención médica, él pidió que lo internaran en un hospital público, donde va la gente pobre. Accediendo sus familiares a ese pedido lo internaron en el Hospital Provincial. Vivió los últimos años de su vida con su familia. El sábado 14 de enero de 1995 fallece en esa ciudad, a los 99 años de edad y es sepultado en la tierra que lo vio nacer.

El día 4 de julio, día de su nacimiento, ha sido declarado por ley: Día Nacional del Médico Rural

 

 

FE = SERENIDAD

En los últimos 150 años, el promedio de la vida de los hombres se ha duplicado. Por otra parte, la ciencia y la técnica nos han proporcionado adelantos y comodidades que hacen la vida mucho más fácil, suave y confortable. Sin embargo, el hombre de hoy no es más feliz que sus antepasados. Al contrario, puede asegurarse que la sociedad contemporánea está enferma de tristeza, pesimismo y angustia. Antes, muchos tenían que morir jóvenes, cuando apenas habían comenzado a vivir. Con todo, vivían contentos y morían tranquilos.

 

De ahí que algunos creyentes pregunten si la ciencia y el progreso nos han hecho un favor tan enorme.

La respuesta es clara. El favor es ciertamente inmenso y muy de agradecer. Debemos, pues, seguir impulsando el progreso, que es bueno y querido por Dios. Lo malo es que el enemigo ha aprovechado hábilmente la ocasión para intensificar la siembra de la cizaña, y ha tenido mucho éxito. Ha logrado que el hombre, en lugar de glorificar a Dios por el poder maravilloso de la inteligencia, engreído por sus conquistas, pretenda auto divinizarse y alzarse contra Dios, creyendo que puede prescindir de Él.

 

Este es el mal: que el enemigo, con la fe, le ha quitado al hombre sus defensas, dejándolo desguarnecido para la dura brega de la vida. Los siguientes testimonios hablan bien claro de la fuerza invencible con que cuentan los verdaderos creyentes.

 

Una joven enferma crónica, condenada a vivir postrada en su lecho hasta su muerte, me escribió en 1972: La salvación de las almas y las misiones son mi ilusión. Por ellas y por dar gusto a Jesús soy feliz, aunque me veo inútil en el cuerpo y llena de miserias. Él no me pide sino vivir alegre, siendo la alegría de quienes viven conmigo; no siendo exigente ni fastidiosa”

 

Una madre que acababa de perder a su hijo de 30 años en un accidente de carretera, me decía al comunicarme la noticia: “Como el Señor lo ha dispuesto así, aún sufriendo yo atrozmente, digo hágase tu voluntad”. (17/12/1965)

 

La madre de un misionero, al enterarse de que su hijo quedaba definitivamente en la misión, le escribió: “Tenía un poco de esperanza de que vendrías. Pero en fin, como el Señor no desacierta, aunque algunas veces parezca lo contrario, cúmplase su voluntad” (1/07/1964)

 

El hombre de hoy, privado de la firmeza que da la fe y perdida la ilusión y la esperanza de lo verdaderamente grande y necesario, lucha por las cosas pequeñas en busca de alegrías baratas y de placeres que lo dejan cada vez más vacío, insatisfecho y angustiado, porque agudizan su sensación de fracaso y frustración.

 

Los cristianos tenemos la misión de ser luz y alegría del mundo. De testimoniar a nuestra sociedad la alegría de vivir con la libertad de los hijos de Dios; no sirviendo a las cosas como esclavos, sino sirviéndonos de ellas para llevar una vida digna de nuestra condición de reyes del mundo y continuadores de la obra de Dios. 

 

Para ello es urgente vivir de fe que nos brinda una nueva óptica de las cosas, de la vida del dolor y de la muerte; que nos hace confiar siempre en el Padre y sentirnos seguros en sus manos. Con ella, nada ni nadie podrá quitarnos la alegría, porque incluso lograremos convertir el dolor y la tristeza en gozo.

 

“En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. (Jn.16, 20) (Tomado del libro “Como Superar el Dolor”)

 

 

 

NOTIMISION

 

Banda Aceh (Agencia Fides) - La desnutrición crece en Indonesia, y en relación con ello crece también, a ritmo preocupante, la tasa de mortalidad infantil: lo afirma un reciente estudio del Programa Alimentario Mundial (PAM) de las Naciones Unidas, en colaboración con el “Badan Pusat Statistik”, instituto estadístico indonesio.

El informe da a conocer los resultados de una investigación realizada en treinta provincias y 341 distritos y ciudades.
Más del 30% de los niños examinados por los expertos ONU tienen un peso inferior a la media normal, afirma la investigación, especialmente en distritos como Sumatra septentrional y occidental, Java, Nusa Tenggara Barat, Nusa Tenggara Timur, Jambi, West Kalimantan.

Los niños asumen menos de 1.700 kcal. al día, respecto a una necesidad mínima de 2.100 kcal. que garantiza un crecimiento sano y equilibrado. Consecuentemente - afirma el estudio - la mortalidad infantil en aquellos distritos ha ascendido hasta el 55 por 1000, muy superior a la media nacional de 43 por 1000.

 

El presente “Mapa de la nutrición” va a completar el Atlante de la Seguridad Alimentaria realizado por el PAM. en el 2005.

Precisamente a ayudar a los niños huérfanos y desnutridos está dedicando su vida el misionero franciscano P. Ferdinando Severi el cual llegó a Indonesia en 1968 y vive en la punta norte de la Isla de Sumatra, en la ciudad de Banda Aceh, uno de los distritos más afectados por la desnutrición. La situación del área - señala el misionero de la Orden de los Frailes Menores Conventuales - parece haber empeorado tras el tsunami del 26 de diciembre de 2004.
El P. Severi instituyó un orfanato y una escuela-internado, llamado “Belén”, en Bandar Baru,  para ayudar a tantos niños privados de sus padres y necesitados de escuela. La estructura acoge hoy a más de 150 niños y jóvenes entre huérfanos e internos.
 

En Kotacane, al sur de la Provincia de Aceh, en un distrito conocido por la presencia de tantos leprosos, ha pasado entre ellos algunos años, como enfermero.

 

En Banda Aceh, el P. Severi se ha dedicado a tantas personas incapacitadas físicamente, entre las cuales muchos niños, a veces escondidos por las familias por vergüenza o por falta de medios.

El misionero se interesa por la recuperación de los enfermos, organizando para ellos, gracias a la ayuda de médicos holandeses que trabajan gratuitamente, intervenciones quirúrgicas en el Centro de “Harapan Jaya” de Pematang Siantar, a 600 kilómetros de la casa parroquial.
 

Son tantos los niños rehabilitados, o las familias cuyos hijos han sido adoptados a distancia. Son tantos los niños pobres y desnutridos que reciben una casa e instrucción en la escuela parroquial.

 

Con su pequeña contribución personal, el P. Severi muestra el amor de Dios hacia los pequeños indonesios y hace lo que puede para combatir la plaga de la desnutrición y de la mortalidad infantil en la zona.

(Agencia Fides 11/7/2006)

 

 

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Yo había pedido a Dios la fuerza para alcanzar el éxito, pero Él me hizo débil a fin de que aprenda humildemente a obedecer.

 

Yo había pedido a Dios la salud para hacer grandes cosas, pero Él me dio la enfermedad para que pueda hacer cosas mejores.

 

Yo había pedido la riqueza para poder ser feliz, pero Él me ha dado la pobreza para que pueda ser prudente.

 

Yo había pedido el poder para ser apreciado por los hombres, pero Él me dio la debilidad para que experimentara la necesidad de Dios.

 

Yo había pedido una compañera, para no servir solo, pero Él me dio un corazón para que pueda amar a todos mis hermanos.

 

Yo había pedido cosas que pudieran alegrar mi vida, pero he recibido la vida para que pueda gozar de todas las cosas.

 

Yo no he tenido nada de lo que había pedido pero he recibido todo cuanto había esperado.

 

Casi a pesar de mi mismo, mis plegarias in-formuladas han sido escuchadas.

Yo soy, entre las personas, la más ricamente colmada.

 

 

 

 

 

Prueba tu conocimiento del Evangelio

Responde Falso o Verdadero

 

 

(Puedes consutar  el evangelio de San mateo, Capitulos 9, 35-38; 10, 7-8)

 

 

 

 Vivir para los demás no es solo la ley del deber; es también la ley de la felicidad.

 

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