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Introducción
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Nos encontramos reunidos, en este octubre misionero, para orar por las misiones, para pedir al Espíritu Santo que disponga los corazones de todos aquellos que recibirán el anuncio del evangelio, que los haga tierra fecunda que llegue a dar muchos frutos; para pedir al dueño de la mies que suscite obreros, con un gran sentido del compromiso, que no se amilanen ante las dificultades que encuentren en el camino; obreros con gran vocación misionera, que estén dispuestos a dar su vida en el anuncio del evangelio; obreros dóciles al llamado. También queremos pedirle al Señor que haga de nosotros mejores discípulos, mejores misioneros, que podamos estar siempre atentos a su voz, siempre dispuestos a cumplir sus mandatos, siempre listos para llevarlo a los demás, que nos haga fieles testigos de su muerte y su resurrección y que junto a María, Reina de las misiones, podamos glorificarle y cantar siempre sus alabanzas. Pongamos en manos de María Santísima las intenciones del Santo Padre y las que están guardadas en nuestros corazones. |
1º Misterio. El bautismo de Jesús en el Jordán
Del Evangelio según San Juan (Jn1,29-34)
Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo. De Él yo hablaba al decir: “Detrás de mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo”. Yo no lo conocía, pero mi bautismo con agua y mi venida misma eran para Él, para que se diera a conocer a Israel».
Y Juan dio este testimonio: «He visto bajar el Espíritu como una paloma y quedarse sobre Él. Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: “Verás al Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en Él”. Sí, yo lo he visto y declaro que este es el elegido de Dios»
Palabra de Dios.
Meditación
En este momento, en que contemplamos al Señor bautizándose en el Jordán, démosle gracias por el don precioso de nuestro bautismo, que nos ha hecho piedras vivas de la Iglesia de Cristo y misioneros para el mundo entero, enviados a proclamar la buena nueva del amor de Dios a quienes aún no lo conocen.
En Jesús, manso y humilde Cordero, que se deja conducir dócilmente por el Espíritu, hacia las aguas del bautismo, está el modelo a seguir por todos los misioneros.
Pidamos por todos los bautizados, para que sea el mismo Espíritu de Dios quien despierte en cada uno de nosotros la conciencia y el compromiso del anuncio de Evangelio.
2º Misterio. El Primer Milagro en las bodas de Caná
Del Evangelio según San Juan (Jn 2,3-10)
Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora».
Pero su madre le dije a los sirvientes: «Hagan lo que Él les diga».
Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes». Y los llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo». Y ellos se lo llevaron.
Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de donde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final».
Palabra de Dios.
Meditación
Mientras contemplamos el primer milagro del Señor, hecho en el inicio de una familia: en una boda, no podemos dejar de reflexionar sobre la urgente necesidad de evangelizar las familias, de trabajar para que en cada familia se viva en el amor de Dios a imagen de la familia de Nazaret.
María, que quiso bendecir esta boda con su presencia, que estuvo atenta a las necesidades de esta familia y que intercedió ante su Hijo para obtener el bien de la familia de Caná, se convierte también, en el modelo a seguir por todo misionero: en el acompañamiento de las familias, en el estar presente junto a ellas en el diario quehacer, en el estar pendiente de las necesidades y orar siempre al Señor por todas ellas.
Que María Reina de las misiones haga de todas las familias, familias santas, familias misioneras donde germinen y crezcan las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras.
3º Misterio. El Anuncio del Reino de Dios a todos los
hombres
Del Evangelio según San Lucas (Lc 4,18-22)
Jesús desenrollo el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en Él. Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas».
Todos lo aprobaban y se quedaban maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus labios.
Palabra de Dios.
Meditación
Mientras Jesús proclama su misión, sintámonos llamados junto con Él a ir hacia los demás: los más necesitados, los más débiles, los más pobres; y agradezcamos a Dios la maravillosa oportunidad que nos da de poder demostrarle cuanto le amamos a través de nuestros hermanos. Sintámonos, como Jesús, responsables del anuncio de la Buena Nueva.
Jesús no tiene miedo de asumir su misión ni de enfrentarse con las autoridades de su tiempo, sus parientes y conocidos. Él es el misionero por excelencia: sabe que encontrará dificultades, pero esto es poca cosa ante los millones de personas que esperan oír ansiosos la proclamación de la gracias de Dios, que esperan el momento en que el Señor vendrá a ellos; las dificultades, el rechazo, el desprecio no le detienen, más bien le animan a seguir adelante y también nos anima a nosotros a seguir su ejemplo.
Pidamos al Señor por todos aquellos que proclaman la Buena Nueva de Dios, que anuncian al mundo la salvación, para que el Señor los haga servidores fieles al mensaje del Evangelio y les de la fortaleza que tanto necesitan para enfrentar todas las dificultades que hay en sus caminos.
4º Misterio. La Transfiguración del Señor en el monte Tabor
Del Evangelio según San Marcos (Mc 8,2-10)
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a ellos solos a un monte muy alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas. Y se aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro ¡que bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo». Y de pronto miraron alrededor y no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos.
Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.
Palabra de Dios.
Meditación
En el milagro de la Transfiguración el Señor nos deja entrever la gloria que nos espera en el Reino del Padre, en Jesús resplandeciente está la certeza de la vida eterna para todos aquellos que esperamos en sus promesas. En Moisés y Elías están todos aquellos que murieron confiados a la misericordia de Dios y en los apóstoles, la Iglesia militante que espera el día en que el Cordero volverá para desposarla, en una Pascua que no terminará jamás.
Pidamos a María Santísima que prepare a la Iglesia para el encuentro con su Señor, que la trasfigure a imagen suya, toda hermosa, toda pura y la haga digna esposa del Cordero; que transforme a los sacerdotes, a los religiosos, a todo el pueblo de Dios y nos haga una verdadera Iglesia misionera.
5º Misterio. La institución de la Eucaristía
Del Evangelio según San Lucas (Lc 22,15;19-20)
Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles y les dijo: «Yo tenía gran deseo de comer esta pascua con ustedes antes de padecer»…
Después tomo pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Hizo lo mismo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que es derramada por ustedes».
Palabra de Dios.
Meditación
Adoremos a Jesús por el inefable amor que nos ha demostrado, al quedarse entre nosotros en el pan consagrado. A Él no le bastó con dar su vida por nosotros y quiso amarnos aún más, hasta el extremo, haciéndose pequeño y prisionero por nuestro amor, para estar mucho más cerca de nosotros.
Desde esa pequeña hostia, donde Jesús está realmente presente con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad, anonadado por nuestro amor, Dios Padre nos quiere enseñar aquello que espera de nosotros: un amor incondicional, disposición para hacer su voluntad, una negación total de nosotros mismo y nuestra presencia, callada y silenciosa, que se entrega a los demás para renovar la vida, para fortalecer y animar, pero sobre todo para amar.
Pidamos a nuestra Señora en este misterio que aumente en nosotros la fe, que creamos en este divino misterio y que Jesús Sacramentado sea en centro de nuestras vidas y nuestro apostolado.
