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La memoria del cristianismo católico todavía tiene la imagen refrescante del papa viajero. En sus Veintiséis años de pontificado, hizo más de 100 viajes fuera de Italia y un número aún mayor de visitas pastorales a las diócesis de Italia. Ha sido visto y oído en una forma u otra, por la mayoría de la raza humana. Los medios de comunicación masivos han jugado un papel determinante para la difusión y promoción de todos estos viajes. Pero es sin duda alguna Pablo de Tarso, el personaje que con sus viajes por casi todo el Mediterráneo propagó -en compañía de otros tantos discípulos-, el kerigma cristiano. Considero y es la apreciación de otros muchos, que Pablo es responsable, gracias al don del espíritu, de que el Evangelio de Jesucristo trascendiera las barreras del judaísmo y se propagara por toda la cultura occidental. Los recursos con los que contaba san Pablo –desde luego- no eran los mismos con lo que contaba el Papa viajero. En este caso no lo respaldaba un satélite de transmisión para estar en todos lados a través de una pantalla o en un avión para trasladarse de un lado a otro. Pero con lo que si contaba, era con el mismo Dios y la fuerza del Espíritu que se hacen presente en la historia de los hombres. |
San Pablo hizo cuatro grandes viajes que se han hecho famosos. Sencillamente recurrió a lo que Dios en ese momento le prestaba, su formación teológica y el transporte adecuado. No le hizo falta más nada, sino su apasionado corazón que lo liberaba de gloriarse de sí mismo, para gloriarse en la cruz de su Señor.
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Primer Viaje
En este primer viaje cambió su nombre de Saulo por el de Pablo, en honor de su primer gran convertido, el gobernador de Chipre, que se llamaba Sergio Pablo. El viaje comienza en Antioquía. Pablo y Bernabé eran los misioneros de este viaje. Este era el primer lugar donde predicaban a los no judíos, es decir, a los paganos. A partir de estas fechas, a los discípulos, también se les empezó a llamar cristianos. Los nuevos cristianos llamados `'no judíos'' enviaban dinero a Jerusalén por medio de Pablo y Bernabé. Los dos misioneros y grandes amigos, estuvieron predicando en Antioquía un año.
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Segundo Viaje
El segundo viaje lo hizo en los años 49 al 52 y comienza con la separación de Pablo y Bernabé por una discusión sobre sus compañeros; Pablo escogió a Silas, y Bernabé escogió a Juan Marcos y se fueron a la isla de Chipre, Pablo y Silas fueron a Derbe, Listra. En este recorrido ya es menos impulsivo que en el viaje anterior y encuentra menos reacciones violentas, pero estas no faltan y bastante graves.
Visita las comunidades o iglesias que fundó en el primer viaje y se propone seguir misionando por el Asia Menor pero un mensaje del cielo se lo impide y le manda que pase a Europa a misionar. Se encuentra con dos valiosos colaboradores: el evangelista San Lucas (a quien llama "médico amadísimo") y Timoteo, que será su más fiel secretario y servidor, y a quien escribirá después dos cartas que se han hecho famosas.
Tercer Viaje
Su tercer viaje lo hizo del año 53 al 56. Desde Antioquía de Siria, Pablo fue visitando todas las comunidades de Asia Menor, fortaleciéndolas en la fe y animándolas a seguir creyendo en Jesús. Visitó Derbe, Iconio, Listra y Antioquía de Pisidia. Pablo viajó luego hasta Éfeso. En este viaje lo más notorio fue que en la ciudad de Éfeso en la cual estuvo por muchos meses, Pablo logró que muchas personas empezaran a darse cuenta de que la diosa Diana que ellos adoraban era un simple ídolo, y dejaron de rendirle culto.
De Éfeso partió Pablo hacia Jerusalén a llevar a los cristianos pobres de esa ciudad el producto de una colecta que había promovido entre las ciudades que había evangelizado. Por todas partes se iba despidiendo, anunciando a sus discípulos que el Espíritu Santo le comunicaba que en Jerusalén le iban a suceder hechos graves, y que por eso probablemente no lo volverían a ver. Esto causaba profunda emoción y lágrimas en sus seguidores que tanto lo estimaban.
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Cuarto Viaje
En su Cuarto viaje a Jerusalén, los judíos promovieron contra él un espantoso tumulto y estuvieron a punto de lincharlo. A duras penas lograron los soldados del ejército romano sacarlo con vida de entre la multitud enfurecida. Entonces cuarenta judíos juraron que no comerían ni beberían mientras no lograran matar a Pablo. Al saber la hermana de él esta grave noticia, mandó un sobrino a que se la contara. Entonces Pablo avisó al comandante del ejército, y de noche, en medio de un batallón de caballería y otro de infantería, lo sacaron de Jerusalén y lo llevaron a Cesarea. Allá estuvo preso por dos años, pero permitían que sus discípulos fueran a visitarlo. |
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