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3 al 9 octubre |
10 al 16 de octubre | 17 al 23 de octubre | 24 al 30 de octubre |
1º semana
SEMANA DE LA ORACION 3-9 DE OCTUBRE
LA CONTEMPLACIÓN: CORAZÓN DE LA IGLESIA MISIONERA.
“Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en Sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en Su Vida Bienaventurada.
Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas… Convoca a todos los hombres,…. y lo hace mediante su Hijo, que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos…”
“Para que ésta llamada resuene en toda la tierra, Cristo envió a los Apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio…. Fortalecidos con esta misión, “salieron a predicar por todas partes”…. Y quienes con la ayuda de Dios han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes del mundo la Buena Nueva…” (Catecismo de la Iglesia Católica 1, 2, 3).
Esta primera llamada que recibimos de Dios es el Bautismo, en el cual somos injertados o incorporados a Jesucristo, Cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia, y todos, en el Espíritu Santo, somos colmados de gracias e impulsados a vivir y a cumplir como cristianos la misión de anunciar la Buena Noticia de Dios a los hombres, trabajando en comunión y de forma complementaria, para la edificación de la misma Iglesia, (1 Co 13).
En la medida en que cada miembro sea fiel cumplidor de su misión, así se hará fecunda la presencia de Cristo en el mundo.
En la variedad de dones con que el Espíritu Santo enriquece a su Iglesia, la Vida Religiosa representa más vivamente, por su particular consagración a Dios, la imagen de Cristo; en unos, según los diversos apostolados será predicando, en otros asistiendo a los hermanos necesitados o enseñando, y en otros dedicados sólo a la oración, siendo ésta última la imagen del Cristo contemplativo: en su vida oculta, orando a solas en el monte, orando durante cuarenta días en el desierto… Imagen de Su Corazón: una oración palpitante que nunca se interrumpe… pues el AMOR y sólo el Amor movió cada segundo de la Vida de Jesucristo y lo llevó a entregarse por la salvación de la Humanidad entera. De allí, de su Costado abierto en la Cruz, nació la Iglesia.
Los dedicados a la vida exclusivamente contemplativa, están llamados a vivir con Cristo y como Cristo, la ofrenda completa de su vida en la expresión significativa del Sacrificio del Altar: el “grano de trigo que cae en tierra y muere” para dar fruto, movido sólo por el AMOR. La monja contemplativa ora en Jesús al Padre por el éxito apostólico de su Iglesia, ora en Jesús, como Él mismo lo hizo antes de cada momento importante durante su estancia en esta tierra. En el Padre Nuestro, oración por excelencia del cristiano, que brotó del mismo Corazón de Jesús y de sus propios labios, se resume todo el itinerario de la oración de un hijo de Dios, que se dirige al Padre desde las entrañas del mismo Jesús… Él nos da la consigna: “hay que orar siempre, sin desfallecer”…
Es importante destacar que todo “Apóstol de la palabra” debe antes ser Contemplativo, para recibir la Palabra de Dios en su propio corazón, para luego darla a los demás, como María, que habiéndola recibido por la Fe, la llevó en su seno de doncella, para darla luego generosamente al mundo; el misionero ha de vivir esta misma realidad.
Ejemplo de un gran Apóstol es San Pablo, vale mencionar el hecho, poco destacado y tan importante, de que inmediatamente después de su conversión se retira al Desierto, donde seguramente “penetró” de lleno en La Palabra: JESUCRISTO, hasta el punto de entregarse con apasionado fervor a la misión que Él le confía.
Sólo el Amor es fecundo, y sabemos, como dice también San Pablo, que las obras de apostolado no serían nada, si no estuvieran impulsadas por el Amor de Jesús, pues no pasarían de ser un simple beneficio de carácter social o cultural, pero vacías del auténtico valor Redentor de Cristo. La expresión de Sta. Teresa del Niño Jesús: … “En el corazón de mi madre la Iglesia, yo seré el Amor…” indica la profunda conciencia de esta Santa contemplativa de su misión en la Iglesia, siendo desde el claustro como el “generador” del impulso vital que mueve todos los miembros del Cuerpo Místico.
Por eso la “especialidad” de la Vida Contemplativa es el Amor: por él ora, trabaja, se sacrifica para fecundar todos los ámbitos de la Vida Eclesial, es ser “colaboradores del mismo Dios, y sostenedores de los miembros vacilantes” (Sta. Clara)… de la Iglesia.
Aunque algunos son elegidos, como María de Betania, para vivir “la mejor parte”, sin embargo todo misionero debe ser Contemplativo, y todo Contemplativo debe tener un corazón misionero, ambos haciendo presente a Cristo en el mundo. Esto lo resume muy bien las palabras que San Agustín, en medio de su intensa actividad de Obispo, dirige a un monje de vida contemplativa, y que expresan claramente la unión tan estrecha de ambas vocaciones, aunque diferentes entre sí:
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PREGUNTAS PARA LA REFLEXION -¿Cuánto tiempo dedico a rezar?. -¿Cuantas veces oro por los misioneros y por el anuncio del Evangelio en el mundo? |
Hna. Esperanza, Monasterio de la Sagrada Familia. San Diego de los Altos.Edo. Miranda .Venezuela
2º semana
SEMANA DEL SACRIFICIO 10-16 DE OCTUBRE
EL SACRIFICIO: MEDIO FECUNDO PARA LA MISIÓN.
“La Iglesia es misionera por su propia naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia. Por esto toda la Iglesia es enviada a las gentes” RM 62.
En este mes de octubre, mes misionero del año, la Iglesia Católica nos motiva a recordar y a hacer vida nuestra vocación cristiana. Todo bautizado es misionero. ¡Ser misioneros! Esa es la invitación que nos hace, renovar nuestra fe y nuestro compromiso con Cristo, descubriendo la grandeza de ser seguidor de Jesús.
Reconociendo que todos tenemos nuestro puesto y nuestra responsabilidad a la hora de evangelizar, la Iglesia nos invita a cooperar activamente en la misión encomendada por el mismo Jesús. Todos los cristianos tenemos dones diferentes (Romanos 12, 6) por eso debemos colaborar cada uno desde nuestras posibilidades, facultad, carisma y ministerio. (1Co 3, 10). Una forma de cooperación que nos invita a tener presente en este tiempo, es la del Sacrificio.
Pero… ¿qué es el sacrificio? Bien podríamos decir que es la entrega personal y total de nuestra vida y, para comprenderlo mejor sólo debemos volver nuestra mirada a Cristo. El dio su vida por amor a la humanidad y nos invita a darnos a nosotros mismos por la salvación del mundo. “Vayan y hagan discípulos míos, bautizándolos en el nombre el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Mt 28, 19 “quien pierde su vida por mí la encontrará” Lc 9, 24. “Los envío como corderos en medio de lobos” Mt 10,16.
El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la Cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación (Hb 9, 13-14). Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida una ofrenda para Dios.
Retomemos las luces que nos da el Catecismo de la Iglesia Católica en el Nº 2099 sobre el sacrificio: “es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración y de gratitud, de súplica y de comunión.
El sacrificio exterior para ser auténtico debe ser expresión del sacrificio espiritual. Como lo expresa bellamente el salmo 51, 19 “mi sacrificio es un espíritu contrito”. Los profetas de la Antigua Alianza denunciaron con frecuencia los sacrificios hechos sin participación interior. Amós 5, 21-25 o sin relación con el amor al prójimo Isaías 1, 10-20. Jesús recuerda las palabras de Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9, 13; 12, 7 Cf. Os. 6,6)”
Se puede venir a nuestra mente la pregunta: ¿El sacrificio es necesario en la actualidad? ¿Tiene sentido? ¿Qué gano al hacer sacrificios? O bien podemos pensar: los sacrificios son para las personas mayores y para los enfermos… eso era para los primeros cristianos… está pasado de moda…
Ante todas estas preguntas y afirmaciones que muchas veces nos hacemos surge una respuesta contundente: Querido hermano, querida hermana Cristiano Católico el sacrificio sigue siendo tan vigente hoy, como lo fue en los tiempos de las primeras comunidades cristianas. El sacrificio es necesario para acrecentar la fe y fortalecer el testimonio de vida como cristianos verdaderos. Pero visto no tanto como negación, ni tristeza, sino antes bien, como el ofrecimiento alegre y libre de nuestro existir, de nuestro tiempo, de nuestras luchas diarias por la extensión del Reino de Dios, y todo esto sellado con el broche de oro que es el Amor.
Con el sacrificio podemos aumentar nuestra templanza y animarnos a ser discípulos misioneros de Jesucristo para dar verdadero testimonio de Él. Es uno de los medios de cooperación misionera, a través del cual podemos aportar efectivamente al deseo de Dios que “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad”1Tm 2,3-4
El ofrecimiento de sacrificios con alegría y amor, se hace fecundo a la hora del despertar y fortalecer la vocación misionera de sacerdotes, religiosos (as), laicos, jóvenes, niños y del pueblo de Dios en general que peregrina en el mundo.
¿Necesario el Sacrificio en pleno siglo XXI? Claro que sí. Desde nuestra realidad, podemos aportar a la Iglesia y a la sociedad con el ofrecimiento de los pequeños actos de amor, como diría Santa Teresita del Niño Jesús quien a través de ellos aportó grandemente a la extensión del Reino de Dios en el mundo. De Teresita, así como de muchos santos canonizados o no, podemos aprender que el sacrificio no es algo que esté fuera de nuestro alcance sino que desde nuestra vida diaria podemos ofrecerlos, aunque parezcan pequeños humanamente, pero que en realidad serán grandes por el amor con que los hagamos. San Pablo en una de sus cartas invita a no avergonzarnos de dar testimonio de Dios; sino antes bien, con la fuerza que Dios nos da debemos compartir con él los sufrimientos que es necesario padecer por la Buena Noticia. (Cfr. 2Tm 1, 8).
¡Qué bueno! poder hacer ofrecimiento de nuestra vida, de nuestro agotamiento, de nuestras capacidades y limitaciones, de nuestros esfuerzos, alegrías, tristezas, ilusiones y hasta desilusiones, teniendo como principal objetivo, aportar desde nuestra realidad a la propagación de la fe, al fortalecimiento de tantos misioneros que se encuentran en tierras difíciles de misión dentro o fuera de sus fronteras.
”Dios mío te amo”. Esta fue una de las frase que impulsó a santa Teresita en su camino de perfección, y esta misma frase puede impulsarnos también a nosotros a ser mejores hombres y mujeres, capaces de marcar la diferencia en medio de este mundo consumista y hedonista, que vive pendiente de la “moda” y de lo fashion… siendo hombres y mujeres que aún en medio de las dificultades del día a día viven y son movidos por el amor que los lleva a ser fermento, haciendo las cosas como para agradar a Dios y no a los hombres. Hombres y mujeres nuevos que vivan su discipulado plenamente para ser misioneros como Dios quiere y como el mundo de hoy lo exige y necesita, capaces de evangelizar no sólo con la palabra, sino sobre todo, con el testimonio. ¡Necesitamos esta humanidad renovada!
Hermanos, en el camino que hemos recorrido a través de esta reflexión es bueno llegar al momento del diálogo personal con Aquel que sabemos, puede ayudarnos a alcanzar lo que necesitamos. Oremos juntos para que el Señor nos fortalezca en el testimonio diario, en el momento de la enfermedad, de la persecución, de la tentación y en las dificultades que se nos presentan que son obstáculos en el seguimiento y anuncio de Jesús.
Señor Jesús Misionero del Padre, en este momento llego a Ti para agradecerte el don maravilloso de tu Redención. Reconozco y valoro Señor Jesús, tu sacrificio de amor expresado en la Cruz. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Con estas palabras Tu Señor sellaste la vida cristiana, mostrándonos que hay que morir al egoísmo, al odio, a la incomprensión, a la intolerancia… para nacer a la vida nueva que procede de la unión contigo.
Tú me dices Señor que para ser tu verdadero discípulo es necesario negarse a sí mismo, tomar la Cruz de cada día y seguirte. Hoy con un corazón dispuesto te quiero decir: aquí me tienes. Tú conoces mis anhelos y deseos de ser fiel a tu llamado. Pero también conoces mi fragilidad, mi inconstancia, mi debilidad. Señor Jesús, Redentor mío, te pido la fuerza necesaria para reconocer que ofreciendo con amor las incomodidades del día a día, puedo configurarme contigo.
Enséñame a reconocer que el sacrificio hace parte de la vida cristiana, y que con él, puedo aportar a la propagación de la Buena Nueva en el mudo, a la santificación de los sacerdotes, al fortalecimiento de la fe y entrega de los misioneros esparcidos en el mundo entero, y puedo ir avanzando en el camino de mi propia santificación.
Quiero Señor Jesús ser una persona nueva y reconozco que es sólo con tu gracia como podré alcanzarlo. Te abro mi corazón, mi mente, mi vida para que hagas morada en ellos y seas de este modo el Rey y Señor de mi existir.
Y a ti María Santísima imploro tu protección maternal para que me guíes y ayudes a ser: discípulo misionero de tu Hijo para que nuestro pueblo en El tenga vida.
Amén
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Cuestionamiento personal: ¿Considero el sacrificio un medio para fortalecer el anuncio del Evangelio de Jesucristo? ¿Qué sacrificios concretos voy a ofrecer en esta semana como una forma de cooperación misionera? |
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Para trabajar en grupo. ¿Conocemos los lugares de dolor Hospitales, cárceles, etc? ¿les visitamos? ¿Les animamos a cooperar con la Obra Misionera? |
4º semana 24 - 30 DE OCTUBRE
SEMANA POR LAS VOCACIONES
LA VOCACION: NO HAY MISIÓN, SIN MISIONEROS
Reflexionar sobre el carácter misionero del pueblo de Dios.
La Iglesia, pueblo de Dios, nacida del amor misericordioso del Padre y desprendida del corazón de Cristo en forma de agua y sangre, está constituida en su esencia por la llamada y el envío. Es la misma constitución de Cristo misionero del Padre. Ella es, esposa, Cuerpo Místico, Templo inmaculado, depósito fiel de la fe, Madre y Maestra. Todos ellos constituyen los títulos honoríficos que identifican lo estático y receptora de miembros por medio de los sacramentos.
Eso es importante, pero aquí tocaremos, lo que verdaderamente es esencial. Ya que desde su nacimiento, está llamada a ser Discípula Misionera. Si quiere ser la Iglesia de Cristo debe imitar a su maestro; el cual dijo que era el enviado del Padre. Como Buena discípula, aprende a obrar el Bien y sobre todo a transmitir las enseñanzas.
1.- LA IGLESIA NACE PARA EVANGELIZAR.
Jesús, hace que sus discípulos, aprendan lo básico para enviarlos luego. Les enseña, que van como ovejas en medio de lobos. Que lo importante, no es lo que llevan puesto, ni como carga, sino lo que llevan en el corazón y en la mente, la fe y la convicción de ser enviados. Y más importante aún, el mensaje que del Evangelio, la Buena Noticia de la presencia de Dios que está muy cerca.
El propósito de crear una comunidad, es que ésta transmita el mensaje, haga presente las enseñanzas de su maestro y prepare su venida. Las herramientas para ello son: el amor como fundamento, el perdón como remedio y la caridad como práctica. Evangelio es Buena Noticia significa que quien lo predica está alegre porque lleva la esperanza. “Que bueno es ver las sandalias del que trae buena noticia”.
El pueblo de Dios nace en el bautismo y todo bautizado está llamado para evangelizar, es por ello que la Iglesia como pueblo, nace para llevar a todos los pueblos el mensaje de su maestro que vino para dar la vida por todos, para que tenga vida y vida en abundancia.
2.- NO HAY MISIÓN SIN MISIONEROS.
La misión, es envío, llamada y envío. Para que ocurra este doble efecto, debe haber alguien que escuche esta llamada y no, solamente la escuche, como hay muchos que oyen pero no escuchan. Sino que escuchen, atiendan la llamada y estén dispuestos a responder generosamente a la invitación para ser enviados.
Dios llama, es la causa, el pueblo escucha y produce el efecto de una respuesta envío. La misión necesita misioneros, el mensaje necesita mensajeros, los destinatarios necesitan cartero y los que van a escuchar, necesitan quien les hable. La llamada de Dios no es fuego ni tormenta, sino susurro en mis oídos. Todo cristiano está siendo llamado desde su más profundo ser, porque está constituido y está dotado del Espíritu que clama ¡Abba!, Padre. Es el mismo Padre que sigue llamando a su hijo para que valla a todos los rincones del mundo a anunciar el amor.
3.- LA MISIÓN CONTINENTAL
Es la respuesta generosa de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe a esta llamada. El anuncio del Evangelio ya se ha dado en nuestras tierras; pero hay que volver a proclamar proféticamente, porque se han abierto nuevos areópagos. El Concilio Plenario de Venezuela nos motiva para que demos testimonio en comunión y participación, para que se vea que es obra de toda la Iglesia y de todo el Pueblo de Dios como signo de comunión.
El ser discípulo misionero en medio de circunstancias adversas, no debe ser obstáculo, ya que nuestro maestro está confrontándonos con los sacramentos.
Con la Palabra bebemos de la fuente, con ella aprendemos porque es la Lectio Divina; es decir la enseñanza del mismo Jesús pasada por escrito para que toda lengua proclame sus maravillas. Con la meditación de la Palabra, conocemos más de nuestro Maestro, este conocimiento debe interpelar mi vida; si no está configurada todavía con el modelo a seguir.
Comprender por ello que la Misión Continental, no es un evento, sino un momento fuerte en lo cotidiano y diario que debe ser nuestra vida, la cual debe estar en una misión permanente. La misión se enseña en las aulas, pero se practica de casa en casa.
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Textos para consulta.
MT. 28,1SS.
DOCUMENTO AD GENTES.
REDENTORIS MISSIO.
EVANGELII NUNTIANDI.
CONCILIO PLENARIO DE VENEZUELA (PROCLAMACION PROFÉTICA DEL EVANGELIO).
APARECIDA.