“Todos te andan buscando” para conocerte y verte.

 

 

            Estimados Hermanos,  reciban mi atento saludo acompañado por el aprecio que les tengo.

    También este año, al retomar con mayor intensidad las actividades pastorales y educativas y en ocasión  del Domund  y mes de octubre misionero, queremos  proporcionarles el subsidio para que, como discípulos de Jesús, seamos  animar y capacitar  para que cada uno sea, como Cristo, misionero del Padre. Todos nosotros,  amados de Dios, hemos sido  llamados  y consagrados  para la misión de construir  su reino. Que el Dios de la vida, el amor sorprendente y misericordioso los colme de sus luces, gracias, y bendiciones para que puedan llevar adelante  con sus propias vidas el camino pascual de renovación  personal y comunitaria y sean hombre y mujeres  nuevos para un mundo nuevo. (Mc. 2,22). Esta sociedad secularizada y pluricultural en que vivimos, sólo podrá  mejorar  si nosotros desde dentro si somos este fermento y grano de trigo que muere y crece. Esta sociedad que, a pesar de ser tan distraída y hedonista, tiene  muchas personas inquietes y  sedientas que “andan buscando a Dios  en Cristo” Mc. 1,37    Hech. 17,27      Jn. 12,21, dispuestas a hacer una experiencia fundante y significativa que logre transformar sus vidas.

    Tu, yo y él, notros somos esos instrumentos, cristianos verdaderos y resucitados que, dóciles al Espíritu, atentos  a las urgencias espirituales  de los hombres y mujeres  de nuestro tiempo,  debemos haber hecho un camino pascual de amistad, de adhesión y configuración y seguimiento de Jesucristo, para que aquellos que  encontramos  puedan ver y encontrar a Jesús, camino verdad y vida (Jn. 14,6  Gal. 2,19-20 Flp. 1,21 Ef. 5,14)

    Es necesaria una identificación  afectiva y efectiva  a Jesucristo,  el sentido de pertenencia y participación  en la iglesia, para que lleguemos a ser  estos hombres y mujeres de una sociedad e iglesia  renovada en la comunión para la misión permanente.

    Debemos estar dispuestos  a decirle, gritarle y testimoniarle al mundo nuestra alegría vivencial, nuestra esperanza, fruto de la fe y la caridad, siendo en todo momento y lugar  hermanos universales (1.Pt .3, 15)

Que nuestra vida no tenga descanso, sino que aprovechemos  cada oportunidad  familiar política y espiritual  para anunciar   la Buena Noticia y confirmar  a los hombres, nuestros hermanos, en la fe y el compromiso social, eclesial y misionero.

No debemos olvidar  que el mejo anuncio del Evangelio es el testimonio de vida, es decir, la alegría de creer, vivir y servir al Señor y los hombres (Jn.12, 3   - Hch.20, 35).

    El mundo, nos decía el Papa pablo VI,  no necesita tanto de maestro sino de testigos creíbles y significativos de a resurrección de Jesucristo y amante de los hombres. “La Iglesia crece -por atracción-  como Cristo –atrae a sí- con la fuerza de su amor. La Iglesia atrae cuando vive en comunión, pues os discípulo  de Jesús serán conocidos  si se amarán los unos a los otros como Él nos amó”  DA.159.

    No debemos de dejar de sentir una paternidad  o maternidad que no es tanto física y humana sino  es espiritual y apostólica (Gn. 4,9   Jn. 19, 27), como lo hizo María  y muchos otros Discípulos Misioneros.

    Antes de  cerrar este breve dialogo con Uds. quiero recordarles que el Domund y el mes de octubre no son un operativo, sino más bien el comienzo y la continuación de un camino eclesial y misionero de esta Iglesia  que  quiere  renovarse después del Concilio Plenario, asumir plenamente Aparecida y ponerse en misión permanente y prepararse e debidamente y con dinamismo a la celebración del próximo Cam 4- Comla 9 que se realizará en Venezuela,

¡Venezuela llegó tu hora sé discípula misionera, vive y comparte tu fe!

                                                                                              P.Andrea Bignotti   i.m.c.

                                                                                   Director de las O.M.P. en Venezuela.

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