Día 11

FELIZ LA QUE HA CREIDO
 

El papa Juan Pablo II, en su gran encíclica, sobre la "Madre del Redentor" centra toda la respuesta de María santísima al designio divino en las palabras: "Feliz la que ha creído". Estas palabras que el Espíritu Santo inspiró a Isabel cuando María compartía el gozo de la presencia del Señor fueron la permanente y creciente actitud de María, frente al misterio de Dios, presente en su Hijo.
La vida de la Virgen fue un acto permanente de fe, de abandono total a la voluntad de Dios. Con un corazón abierto creyó y "peregrinó en la fe", manteniendo, fielmente, la unión con su Hijo.

"... en la expresión 'feliz la que ha creído' podemos encontrar como una clave que nos abre a la realidad íntima de María, a la que el ángel ha saludado como 'llena de gracia'. Si como 'llena de gracia' ha estado presente eternamente en el misterio de Cristo, por la fe se convertía en partícipe en toda la extensión de su itinerario terreno: 'avanzó en la peregrinación de la fe' y al mismo tiempo, de modo discreto, pero directo y eficaz, hacía presente a los hombres el misterio de Cristo. y sigue haciéndolo todavía. y por el misterio de Cristo está presente entre los hombres. Así, mediante el misterio del Hijo, se aclara también el misterio de la madre" (M.R., n. 19).

 -"Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor" son las palabras que Isabel pronuncia en la visitación.
-Estas palabras encierran un contenido esencial sobre María: su fe.
-El Concilio habla de la peregrinación de la fe de María, según la cual ella asintió en colaborar en el plan de Dios, siendo la madre de su Hijo y manteniéndose fielmente unida con él hasta la cruz.
-Las palabras de Isabel no se aplican sólo a la anunciación (aunque se refieren particularmente a ella), sino que tienen sentido para toda la vida de María, que durante toda su vida, en medio de las oscuridades y sufrimiento, "peregrinó en la fe", manteniendo fielmente la unión con su Hijo.
 

Por intercesión de la Virgen María, imploremos la misericordia de Dios diciendo:
Virgen María, intercede por nosotros.
Dios todopoderoso, concede a tu Iglesia la unidad, la paz y la perseverancia, en una plegaria común con María.


Tú, que has hecho de María madre de la Iglesia,
-haz que todos los gobernantes colaboren por el progreso espiritual y material de tu pueblo santo.
Tú, que has hecho de María la madre de la gracia y de la misericordia,
-da a todos los afligidos el alivio y el consuelo de su amor maternal.

Tú, que has coronado a María como reina del cielo,

 -concede que todos los difuntos compartan su alegría con los santos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Señor, Dios nuestro, que nos has dado como madre y como reina a la madre de tu Hijo, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que tienes preparada a tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo. Amen

REGRESAR