Día 13
LA VIRGINIDAD DE MARIA
EN LA FE DE LA IGLESIA
La verdad sobre la virginidad de María santísima fue descubierta y proclamada, poco a poco, a través de los siglos en una actitud pacífica.
Ni el Concilio de Nicea ni el de Efeso se pronunciaron sobre la virginidad de María. En el tercer canon del Concilio de Letrán, en el año 649, se afirma que María permaneció virgen. Este título fue confirmado en el Concilio III de Constantinopla (VI ecuménico) en el 681, en tiempos del papa Agatón.
Siempre, en el magisterio de la Iglesia, se llama a María, la Virgen, la siempre Virgen, la Virgen Madre.
Oigamos lo que nos dice el Vaticano II.
"Queriendo Dios, infinitamente sabio y misericordioso, llevar a cabo la redención del mundo, al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de mujer..., para que recibiésemos la adopción de hijos (Ga 4, 4-5). 'El cual, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendió de los cielos y por obra del Espíritu Santo se encarnó de la Virgen María'. Este misterio divino de la salvación nos es revelado y continúa en la Iglesia, que fue fundada por el Señor como cuerpo suyo, y en la que los fieles, unidos a Cristo Cabeza y en comunión con todos sus santos, deben venerar también la memoria en primer lugar de la gloriosa siempre Virgen María, madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo".
"Esta unión de la madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte". "... y en el nacimiento, cuando la madre de Dios, llena de gozo, presentó a los pastores y a los Magos a su Hijo primogénito, que, lejos de menoscabar, consagró su integridad virginal" (L.G., n. 52 y 57).
-La tradición y el magisterio de la Iglesia siempre han definido la virginidad perpetua de María como revelación divina y, por lo tanto, como algo que debe creerse.
-La virginidad de María es perpetua: antes del parto, en el parto y después del parto.
- Los santos Padres y teólogos de la Iglesia han definido siempre la virginidad de María en los tres momentos antes dicho, tanto en sus escritos, como en los diversos concilios de la Iglesia, incluyendo, desde luego, el Vaticano II.
Glorifiquemos a Cristo, que ha nacido de María Virgen, por obra del Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:
Hijo de la Virgen María, ten piedad de nosotros.
Oh Cristo, Hijo admirable y príncipe de la paz, nacido de María Virgen,
-concede al mundo entero una paz estable.
Rey y Dios nuestro, que al venir al mundo has dignificado al hombre,- -haz que te honremos todos los días de nuestra vida, con nuestra fe y nuestra conducta.
Tú, que te has hecho semejante a nosotros,
-concédenos ser semejantes a ti.
Tú, que has querido ser ciudadano de nuestro mundo,- -concédenos ser ciudadanos de tu reino.
(Se pueden añadir algunas intenciones libres.
- -Oración final
Señor Dios, que en el corazón de santa María Virgen preparaste al Espíritu Santo una digna morada, haz que también nosotros, por intercesión de María, seamos transformados en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo. Amen