Día 14
DE LA VIRGINIDAD
DE MARIA
La verdad sobre la virginidad de María santísima no se queda en el aspecto físico, sino que tiene un sentido trascendental muy rico. María Virgen tiene una capacidad de entrega y donación total a Dios, en la persona de su Hijo y en su obra que es la Iglesia.
La vocación de María santísima a la virginidad es una vocación al amor de Dios, en el servicio maternal de Jesucristo, su Hijo.
Meditemos la enseñanza del papa Juan Pablo 11 sobre la virginidad de María, en su encíclica: "La Madre del Redentor".
"María da su consentimiento a la elección de Dios para ser la madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo. Puede decirse que este consentimiento suyo para la maternidad es sobre todo fruto de la donación total a Dios en la virginidad. María aceptó la elección para Madre del Hijo de Dios, guiada por el amor esponsal, que 'consagra' totalmente una persona humana a Dios. En virtud de este amor, María deseaba estar siempre y en todo 'entregada a Dios', viviendo la virginidad. Las palabras 'he aquí la esclava del Señor' expresan el hecho de que desde el principio ella acogió y entendió la propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo y toda su participación materna en la vida de Jesucristo, su Hijo, la vivió hasta el final de acuerdo con su vocación a la virginidad" (M. R., n. 39).
-La virginidad de María es signo de la entrega, de la donación total que por amor a Dios ella hizo, para servir fielmente a Dios, en la persona Y obra de su Hijo. Por ser Virgen pudo concentrar su amor, únicamente, en Dios.
-Dios hizo que María concibiera, sin concurso de varón. Es la obra de Dios en María que la eligió para ser madre, por obra del Espíritu Santo. Negar la virginidad de María es negar la obra de Dios en ella.
-María reúne, en sí misma, el amor propio de la virginidad Y el amor característico de la maternidad, unidos y como fundidos juntamente. Es el amor perfecto capaz de hacerla madre y consagrarla totalmente a Dios.
-María es virgen antes, en y después del parto para gloria de Dios.
Elevemos nuestras súplicas al Salvador que quiso nacer de María y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
- Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu redención
preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado,- -líbranos también a nosotros de toda culpa.
Redentor nuestro, tú que hiciste de la Inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo,- -haz también de nosotros templos de tu Espíritu.
Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María, a escoger la mejor parte,
-ayúdanos a imitarla y a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.
Rey de reyes, que elevaste contigo a tu madre en cuerpo y alma al cielo,
-haz que aspiremos siempre a los bienes celestiales.
Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a tu derecha a María reina,
-danos el gozo de tener parte en su gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
- -Oración final
Señor Jesús, que elegiste el seno virginal de María, como digna morada tuya, haz que defendidos por su protección, celebremos con júbilo su fiesta. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.