Día 2    MARIA, EN EL NUEVO TESTAMENTO
 

El Nuevo Testamento es el cumplimiento de la promesa divina, anunciada y esperada en el Antiguo Testamento.
Al situar a la Virgen en el cumplimiento de la promesa, la Carta a los Gálatas, corno también san Juan, llaman a María santísima "Mujer", esto es "Señora".
Oigamos con atención lo que el Papa nos dice acerca del término "mujer" y su significado, de lo que dice o insinúa el Nuevo Testamento sobre la santísima Virgen.

"Nos encontramos así en el centro mismo del cumplimiento de la promesa, contenida en el protoevangelio: el 'linaje de la mujer pisará la cabeza de la serpiente' (Gn 3,15). Jesucristo, en efecto, con su muerte redentora vence el mal del pecado y de la muerte en sus mismas raíces. Es significativo que, al dirigirse a la madre desde lo alto de la Cruz, la llame 'mujer' y le diga: 'Mujer, ahí tienes a tu Hijo'. Con la misma palabra, por otra parte, se había dirigido a ella en Caná (Jn 2,4). ¿Cómo dudar que, especialmente ahora, en el Gólgota, esta frase no se refiera en profundidad al misterio de María, alcanzando el singular lugar que ella ocupa en toda la economía de la salvación?" (M.R., n. 24).

-El Nuevo Testamento habla poco de María, pero lo que reseña es de gran importancia y habla del sitio excepcional de María en la obra de la salvación hecha por Cristo.
-Los evangelios nos hablan de la anunciación, de la concepción virginal de María, la visitación, el cántico de la Virgen, el nacimiento de Jesús, la presentación en el templo, las bodas de Caná, su vida en Nazareth, en la predicación de Cristo y de su presencia en la crucifixión.
-San Pablo, en la Carta a los Gálatas; el libro de los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis nos hablan de María madre del Redentor, madre de la Iglesia y glorificada en los cielos.
-De todos estos textos y de la revelación ,posterior de Dios, la Iglesia afirma a María corno madre de Dios, Virgen inmaculada, mediadora, corredentora con Cristo, madre de la Iglesia, asunta al cielo y reina universal.

Elevemos nuestras súplicas al Salvador que quiso nacer de María Virgen y digámosle:
-Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
-Salvador del mundo, tú que, con la eficacia de redención, preservaste a tu Madre de toda mancha pecado,
-líbranos también a nosotros de toda culpa.
-Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo,
-haz también de nosotros  templos de tu Espíritu.
-Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María, a escoger la mejor parte,
-ayúdanos a imitarla y a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.
-Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al cielo,
-haz que aspiremos siempre a los bienes celestiales.
-Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a tu derecha a María reina,
-danos el gozo de tener parte en su gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Señor Jesús, que elegiste el seno virginal de María como digna morada tuya, haz que defendidos por su protección celebremos con júbilo su fiesta. Que vives y reinas, por los siglos de los siglos.

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