Día 26
MATERNIDAD Y MEDIACION
DE MARIA

La maternidad de María sobre la Iglesia, la cumple ella de manera especial por su mediación. Porque Dios hizo a María madre de su Hijo, podemos acogernos a su mediación maternal. Este aspecto característico de su mediación nos debe animar a recurrir e invocar en todo momento a María santísima como madre. Tratemos este día de descubrir y valorar más, por qué la maternidad y la mediación de María son inseparables.

"Efectivamente, la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno que la distingue de las demás criaturas que, de un modo diverso y siempre subordinado, participan de la única mediación de Cristo, siendo también la suya una mediación participada. (...) La enseñanza del Concilio Vaticano 11 presenta la verdad sobre la mediación de María como una participación de esta única fuente que es la mediación de Cristo mismo. Leemos al respecto: 'La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María...'. Esta función es, al mismo tiempo, especial y extraordinaria. Brota de su maternidad divina y puede ser comprendida y vivida en la fe, solamente sobre la base de la plena verdad de esta maternidad" (M.R., n. 38).

Todas las criaturas participan de la única mediación de Cristo, cada una desde su puesto.

-María, que es madre de Cristo y colaboradora de su obra redentora, es también nuestra madre en el orden de la gracia.

-Su participación en la mediación de Cristo es entonces, especial y extraordinaria. Brota de su maternidad divina y sólo se comprende y se vive desde la fe en la plena verdad de esa maternidad. María es mediadora, ante todo, porque es madre de Dios. Así se manifiesta su presencia real en el misterio salvífico de Cristo y de la Iglesia.

Invoquemos a Dios, por intercesión de María, a quien el Señor colocó por encima de todas las creaturas celestiales y terrenas, diciendo:

Contempla, Señor, a la madre de tu Hijo y escúchanos.

Padre de misericordia, te damos gracias, porque nos has dado a María como madre y ejemplo;

-santifícanos por su intercesión.

Tú, que hiciste que María meditara tus palabras, guardándolas en su corazón, y fuera siempre fidelísima hija tuya,

-por su intercesión, haz que también nosotros, seamos de verdad hijos tuyos y discípulos de tu Hijo.

Tú, que quisiste que María concibiera, por obra del espíritu Santo,

-por intercesión de María otórganos los frutos de este mismo Espíritu.

Tú, que diste fuerza a María para permanecer junto a la cruz y la llenaste de alegría ton la resurrección de tu Hijo,

-por intercesión de María, confórtanos en la tribulación y reanima nuestra esperanza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Dios nuestro, que quisiste que la madre de tu Hijo estuviera a su lado junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, concede a tu Iglesia que, asociada con María a la pasión de Cristo, merezca también participar en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén

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