Día 7
LA MATERNIDAD DIVINA DE MARIA
EN LA FE DE LA IGLESIA
La gran verdad, que la Iglesia nos enseña, cuando nos dice que María santísima es madre de Dios, ha sido motivo de fe desde el inicio del cristianismo. Naturalmente, que ha sido una verdad de fe que se fue esclareciendo, progresivamente, desde el siglo I hasta el siglo V.
Solamente aceptaremos plenamente este dogma de fe, si nos situamos en el plan de Dios revelado por Cristo y presente en el magisterio de la Iglesia.
"Efectivamente, la Virgen María, que al anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo, y unida a él con vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo..." (L.G., n. 53).
-La Iglesia, que cuenta con el auxilio del Espíritu Santo para instruir en asuntos de fe y costumbres, reconoce en María a la madre de Dios.
-De una manera especial, en los últimos años, el Concilio Vaticano II ha ratificado abundantemente el dogma del Concilio de Efeso: que María es verdaderamente la madre de Dios.
-El papa Juan Pablo 11 destaca, en su encíclica "Madre del Redentor", que en la persona del Verbo hay dos naturalezas unidas y que siendo María madre del Hijo de Dios, que es Dios, resulta entonces que ella es madre de
Dios.
"Desde los tiempos más antiguos, la santísima Virgen es venerada con el título de 'Madre de Dios' ".
-María, madre de Dios, unida con lazo indisoluble a la obra de su Hijo, "está también íntimamente unida con la Iglesia".
Elevemos nuestras súplicas al Salvador que quiso nacer de María Virgen y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María precedía cual aurora luciente,
-haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada,
-líbranos de toda ocasión de pecado.
Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a la cruz,
-por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste a María r como madre, a Juan,
-haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.Se pueden añadir algunas intenciones libres.
- -Oración final
Señor, Dios nuestro, que ante el anuncio del ángel quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de la Virgen María, escucha nuestras súplicas, y haz que sintamos la ayuda de María, pues creemos que ella es la verdadera madre de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.