Día 9

MARIA SE HACE MADRE DE DIOS
CON PLENO CONSENTIMIENTO
 

María santísima aceptó, consciente y libremente, el ser  madre de Dios. Observamos en el diálogo con el ángel,
cómo María le hace preguntas que indican su actitud consciente y responsable. Después de la respuesta del ángel, ella en un acto libre y consciente dice: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu Palabra". Entonces, el Hijo de Dios se encarnó en ella y llegó a ser madre. Oigamos  qué nos enseña la Iglesia al respecto.

Es significativo que María, reconociendo en la palabra del mensajero divino la voluntad del Altísimo y sometiéndose a su poder, diga: 'He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra' (Lc 1,38). El primer momento de la sumisión a la única mediación 'entre Dios y los hombres' -la de Jesucristo-- es la aceptación de la maternidad por parte de la Virgen de Nazaret. María da su consentimiento a la elección de Dios, para ser la Madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo. Puede decirse que este consentimiento suyo para la maternidad es sobre todo fruto de la donación total a Dios en la virginidad. María aceptó la elección para ser Madre del Hijo de Dios, guiada por el amor esponsal, que 'consagra' totalmente una persona humana a Dios. En virtud de este amor, María deseaba estar siempre y en todo 'entregada a Dios' viviendo la virginidad. Las palabras 'he aquí la esclava del señor' expresan el hecho de que desde el principio ella acogió y entendió la propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo" (M. R., n. 39).

-María no fue instrumento pasivo en el plan de Dios, sino una colaboradora activa.
-Dios quiso contar con el consentimiento de María para ser madre de su Hijo.
-La anunciación es la participación que Dios hace a María de su plan salvífico y la participación que ella tiene en
este plan.
-Las palabras de María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra", son el consentimiento que ella hace, aceptando, libremente, ser madre del Dios vivo como fruto del amor a Dios.
-El consentimiento de María expresa también la donación total, que ella hace de sí misma, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo.

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Que la llena de gracia interceda por nosotros:
Tú, que hiciste de María la madre de misericordia,
-haz que los que viven en peligro o están tentados, sientan su protección maternal.
Tú, que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de José,
-haz que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.
Tú, que fortaleciste a María cuando estaba al pie de la cruz y la llenaste de gozo en la resurrección de tu Hijo,
-levanta y robustece la esperanza de los decaídos.
Tú, que hiciste que María meditara tus palabras en su corazón y fuera tu esclava fiel,
-por su intercesión, haz de nosotros siervos fieles y discípulos dóciles de tu Hijo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú, que coronaste a María como reina del cielo,
-haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

Señor Padre de misericordia, cuyo Hijo clavado en la cruz, proclamó como madre nuestra a su madre santa María Virgen, concédenos por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amen

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