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La actualidad de la devoción al Sagrado
Corazón Entrevista al padre Massimo Taggi, director del Apostolado de la Oración en Italia |
En esta entrevista concedida a Zenit, el padre Massimo Taggi, director nacional
del Apostolado de la Oración en Italia presenta la devoción al Sagrado Corazón
como un medio eficaz para responder al fenómeno de secularización, pues no es
una espiritualidad pietista o sentimental, sino impregnada de amor por Cristo y
por la Iglesia.
--¿Cuál es el sentido y la actualidad del culto al Sagrado Corazón hoy?
--Padre Taggi: En un mundo que, por una parte, se caracteriza por maravillosos
aspectos positivos, tanto a nivel científico, como técnico, cultural y social,
con un fuerte anhelo de crecimiento en la justicia, en la paz y en la
solidaridad, pero que, por otra parte, aparece terriblemente ambiguo y confuso,
en crisis de valores, sustancialmente materialista, el culto del Corazón de
Cristo ofrece una indicación fundamental para captar la imagen verdadera de Dios
y el sentido profundo de la vida.
Si es verdad lo que dice estupendamente un pensador francés, que «la calidad de
la vida depende de la calidad de los sentimientos» (Bertrand de Jouvenel), el
retorno al Corazón --entendido en sentido bíblico, como el centro de la persona,
donde pensamientos, decisiones y sentimientos encuentran su punto existencial de
síntesis--, y concretamente al Corazón de Jesús, Verbo encarnado, se convierte
en la vía regia para «sacar con alegría las aguas en las fuentes de la
salvación» («Haurietis Aquas»).
Como dice el Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica «Deus Caritas Est»: «
Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto… que el
hombre puede convertirse en fuente de la que manan ríos de agua viva. No
obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de
nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón
traspasado brota el amor de Dios» (nº 7).
--¿Por qué en los últimos treinta años se ha perdido esta devoción?
--Padre Taggi: A decir verdad no se ha perdido nunca del todo. Incluso en el
periodo postconciliar, la devoción al Sagrado Corazón siguió existiendo, sobre
todo a nivel de religiosidad popular, y en prácticas devocionales muy
difundidas, como la oración del ofrecimiento diario, promovida por el Apostolado
de la Oración, las Horas de adoración del primer viernes del mes, etc. Ahora
bien, es verdad que ha sido cuestionada o marginada con la crítica, bastante
fundada, de pecar de «devocionismo»; o con el presupuesto, bastante menos
fundado, de que después del Concilio Vaticano II no hubiera ya lugar para algo
semejante.
El motivo de fondo de tal crisis es que no se había comprendido que no se trata
de una devoción menor, facultativa, sino de una espiritualidad, de un culto cuyo
fundamento, como ha escrito el Santo Padre Benedicto XVI, en el mensaje al padre
Kolvenbach del 15 de mayo «es antiguo como el cristianismo mismo».
--¿Cómo y por qué celebrarán ustedes, en el Apostolado de la Oración, el
quincuagésimo aniversario de la encíclica «Haurietis Aquas» de Pío XII?
--Padre Taggi: Hemos decidido celebrar un Congreso Nacional de la Apostolado de
la Oración, con motivo del 50 aniversario de la «Haurietis Aquas» por dos
motivos: porque aquella encíclica fue un documento importante, que trató de
manera completa y profunda el tema del culto al Corazón de Jesús, tomando en
consideración las objeciones que ya surgían y dándoles una respuesta autorizada
y porque estamos convencidos de que el mundo de hoy tiene gran necesidad de
descubrir que Dios es amor; que la afectividad, y no el sentimentalismo, es un
componente esencial de una relación auténtica con Dios en Jesucristo; que una
actitud de misericordia, acogida y donada, es el fundamento de la paz auténtica
a todos los niveles, desde la familia a las relaciones interétnicas e
internacionales. Como se ve de manera evidente en el magisterio de Juan Pablo II,
y ahora de Benedicto XVI.
El Apostolado de la Oración nació en Vals, cerca de Le Puy, en Francia, el 3 de
diciembre de 1844, por iniciativa del padre jesuita Francisco Javier Gautrelet.
La actividad se inició como propuesta de vida espiritual para un grupo de
seminaristas de la Compañía de Jesús, y se difundió enseguida como una mancha de
aceite en los diversos estratos de la Iglesia. A este desarrollo dio un gran
impulso otro jesuita, el padre Enrique Ramière, tanto que a finales del siglo
XIX había ya, en Europa y también fuera de ella, 35.000 centros locales
(parroquiales o en institutos religiosos) con más de trece millones de
inscritos, en todo el mundo.
El carisma de la Apostolado de la Oración puede definirse como «vivir
conscientemente y activamente el bautismo, y en especial el sacerdocio común que
es propio de todos los bautizados». Se vive mediante el ofrecimiento diario de
toda la vivencia personal, en unión con el Sacrificio eucarístico de Jesús, y
por las intenciones particulares que el Papa indica cada mes a nivel universal;
el espíritu de reparación, que se traduce también en acciones concretas a nivel
social; y con actos de consagración (personal, de la familia, etc.) al Corazón
de Jesús, como expresión específica de la consagración bautismal.
Respecto a los seguidores, según estimaciones recientes y fiables, resulta que
en el mundo siguen al Apostolado de la Oración al menos cincuenta millones de
personas de todos los continentes.