SANTA TERESITA Y LAS MISIONES
Santa Teresita del Niño Jesús, Carmelita Descalza, proclamada Patrona Celestial de las Misiones por el Papa Pio XII en el año 1927, fue y seguirá siendo modelo de juventud y de entrega por la conversión de las almas.
Desde el comienzo de su vida en el Carmelo de Lisieux, mostró un gran amor a las misiones y dedicó su entrega especialmente por la santificación de los sacerdotes y para el fecundo apostolado de los misioneros.
En varias ocasiones reflejaría ese amor en sus escritos con frases como las que dirigió a un sacerdote misionero, el Padre Roulland, a quien su Madre Priora le nombró ahijado espiritual: “Me sentiré verdaderamente feliz de trabajar con usted por la salvación de las almas. Para eso me hice carmelita: al no ser misionera por la acción, quise serlo por el amor y la penitencia”.
Así esta pequeña Florecilla del Carmelo nos muestra cómo la vida “tranquila” de las almas contemplativas que viven ocultas en los Monasterios no es para nada ajena a la ajetreada vida de un misionero, y de esto nos da ejemplo quien no dejó de sacrificarse por las intenciones de sus amados misioneros y fue armando poco a poco esa corona de perlas tan deseada por nosotros los cristianos “La Santidad”.
Hoy en día nosotros gozamos el consuelo de saber que aún en nuestro siglo XXI siguen existiendo almas jóvenes, generosas, que siguen el ejemplo de santa Teresita y se ocultan en los claustros de los Conventos con sus corazones llenos de amor y consumiéndolas el celo por la gloria de Dios, como diría el Santo profeta Elías.
Esta vida de clausura, poco entendida por nosotros, cobra un sentido hermoso mirándola desde el cristal de una vida tan transparente como la de nuestra querida Santita de Lisieux. Si hoy en día alguien quisiera un ejemplo de Fe, en estas jóvenes carmelitas lo puede encontrar, ya que ellas lo dan todo por la salvación de las almas de nosotros los pecadores, sin mirar en esta vida el fruto de sus sacrificios, es decir, haciendo todo con la fe de que algún alma en cualquier parte del mundo se pueda beneficiar y sin recibir nunca el agradecimiento de la misma, pero con la alegría y la paz que Dios concede a las almas que por amor a El trabajan.
En esta ocasión con motivo del mes de las misiones es un buen momento para demostrar nuestra caridad hacia estas almas que sin conocernos rezan por nosotros y elevar por ellas una oración para que Dios las siga fortaleciendo en su misión, así como también seguir su ejemplo y el de Santa Teresita y rogar para que Dios fortalezca siempre las almas y los cuerpos de nuestros misioneros.
“Con nuestras pequeñas virtudes practicadas en la oscuridad, convertimos almas en lejanos países y ayudamos a los misioneros”. Santa Teresita del Niño Jesús.