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Desde el punto
de vista de la educación humana y cristiana es importante
tomar conciencia del abismo, cada vez mayor, que separa el
mundo de los pobres de la sociedad de consumo ilimitado.
Honradamente no se puede seguir llevando una vida
privilegiada sin dejarse interpelar, sin alimentar en el
grupo una acción concreta, germen de un compromiso eficaz el
día de mañana.
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Hoy en día se
está haciendo un gran esfuerzo para llamar la atención de
los jóvenes a participar de manera consciente, activa y
fructuosa en todos estos temas, especialmente en la
Eucaristía, y esto teniendo en cuenta su edad. Este intento
pastoral no se ve libre de dificultades. Ocurre con
frecuencia que durante la adolescencia, los muchachos y
muchachas no experimentan demasiado interés por las
celebraciones eucarísticas. Las ven como algo <<fuera de
su vida>>.
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¿Para qué
sirve la Eucaristía?
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De allí la
necesidad que los jóvenes reciban una formación cristiana
integral, partiendo de la reflexión personal ¿Cómo vivo
mi compromiso cristiano? A propósito de esta
interrogante dediquemos un momento a realizar la siguiente
lectura reflexiva:
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CUENTO ORIENTAL
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Un discípulo
se acercó un día a su maestro y le dijo: <<Maestro, yo
deseo encontrar a Dios>> El maestro contempló al joven sin
decir nada y le sonrió.
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El joven volvía
cada día repitiendo que deseaba la religión. Pero el maestro
sabia mejor que él a que atenerse.
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Un día que
hacía mucho calor pidió al joven que lo acompañara al río
para bañarse. Se lanzó el joven al agua y el maestro hizo
otro tanto, sujetándolo luego por la fuerza bajo el agua.
Cuando el joven hubo durante algún tiempo tratado de
librarse, el maestro le soltó y le preguntó qué era lo que
más había deseado cuando estaba debajo del agua.
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-¡ Oh! ¡El
aire! ¡El aire!- respondió el discípulo.
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-¿Deseas a Dios de ese mismo
modo? – preguntó el maestro-, Si lo deseas así, lo
encontrarás... Si no tienes este deseo y esta sed, aunque
busques, aunque luches en tu inteligencia, e incluso con
todas tus fuerzas, no podrás encontrar la religión. En tanto
no se despierte en ti esa sed, tú no vales más que un ateo.
¡Muchas veces el ateo es sincero y tú no lo eres!
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Esta
lectura nos invita a revisar nuestros puntos de vista
personales, en torno a varios aspectos:
- -¿Cuál
es mi nivel de responsabilidad en la profesión de mi fe?
- -¿Cuál
es mi posición ante la celebración de la eucaristía?
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-¿Es para
mi la eucaristía, un acto de costumbre, rutina cristiana o
un encuentro de entrega y comunicación sublime con
JESUCRISTO, muerto y resucitado?
- -¿A
partir de la eucaristía, como manifiesto mi compromiso
cristiano, conmigo mismo, con los demás?
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Estas son a penas algunas
interrogantes que se pueden utilizar en el trabajo reflexivo
de sensibilización con los jóvenes en torno a la eucaristía.
Sí utilizamos el gráfico como apoyo adicional, le damos a
las dos flechas las dos situaciones que enfrenta el
cristiano ante su propia fe; por un lado el deseo de creer
en Dios tal como Jesucristo nos lo da a conocer y por el
otro el germen natural de la incredulidad, las dudas. Todo
ello nos plantea una verdad la fe es una elección en la cual
la responsabilidad del creyente se haya comprometida.
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El educador cristiano en su
abordaje de estos temas, debe tener en cuenta nuevos datos
culturales, tendrá que ir mucho más allá en el conocimiento
de la dinámica del pensamiento del niño y del adolescente.
Su acción catequética no se refiere únicamente a unas
constantes sociológicas, sino que debe indagar lo que ocurre
en lo profundo del espíritu de sus alumnos. No hay ninguna
oposición entre ambos aspectos, como vamos a ver en seguida,
sino que los dos son convergentes, y ésta es una razón más
para cambiar radicalmente la forma de situarse como educador
cristiano por ejemplo a fin de dar un abordaje más dinámico
les sugiero utilizar los siguientes gráficos:
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Observemos como las flechas
del gráfico , independientemente de la intensidad de la
conexión, todas convergen en un centro, extrayendo el
simbolismo encontramos que en la vida del cristiano todo
converge hacia Jesucristo muerto y resucitado. Para la
reflexión es importante entender que ser persona supone
comprometerse en las múltiples relaciones que nos une con el
mundo, los demás y consigo mismo, esto no es más que la
mutualidad necesaria en las relaciones de vida, en
oportunidades sentimos que la costumbre, la rutina y la
pasividad nos invade de manera fulminante. El acto por el
cual salimos de nuestra pereza cristiana de una actitud
somnolienta y rutinaria que nos desconecta, es el darnos
cuenta de lo mucho que podemos dar, compartir a través de la
conexión verdadera en nuestras relaciones que nos permita
valorar nuestra participación y reconducir nuestra actitud
cristiana hacia un verdadero compromiso, tal como Jesús lo
hizo y lo hace cada vez en la eucaristía. Una vez que
entendamos esto y reconozcamos que ese dar sin restricción
con frecuencia representará un sacrifico de nuestra parte y
que los mismos serán ofrendados a Dios, estamos listos para
aplicar la enseñanza en la vida cotidiana, en relación a los
adolescentes y jóvenes sus
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reflexiones los podrían
encaminar a tomar las siguientes decisiones, en su vida
diaria:
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Ø
Abrirse a la comunicación
con Dios y con los demás
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Ø
Unirse para juntos construir
algo, dejando las posturas negativas
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Ø
Permitir y aceptar la forma
de expresarse de los demás, evitando las afirmaciones
tajantes.
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Ø
Respetar la persona del
otro, evitando el deseo de posesión.
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Ø
Emprender la acción
constructiva, abandonando las discusiones inútiles.
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Ø
Dar prioridad a los valores
de comunión y de responsabilidad, evitando el egocentrismo.
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Una vez que todos docentes,
adolescentes y jóvenes, hayan hecho su puesta en práctica
del replanteamiento de su proceder cristiano, es conveniente
que continúen su análisis desde otra dimensión para ello
utilizaremos el siguiente gráfico como referencia:
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Nótese como en está
oportunidad las flechas parten del centro hacia las
situaciones humanas , entendamos el simbolismo, como
elemento para la participación activa de los adolescentes en
la reflexión , combinándola con las siguientes expresiones;
“Mi vida nadie me la quita, yo la doy voluntariamente.” (Jn
10, 18.)
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“Mirad, nos dice Aquel a
quien llamamos Padre: habéis puesto en mis manos vuestros
sacrificios, vuestros intentos de realizaros, de salvar a
los otros y al mundo. Puesto que me habéis entregado a Mí,
que soy el único capaz de poder llenarlos, os los devuelvo:
he ahí a mi hijo Jesús sacrificado y resucitado. Al
recibirlo podréis ya saber que lo que vosotros habéis
intentado, ya ha comenzado a cumplirse. Lo que buscáis, esta
salvación cuyo deseo yo mismo he alimentado en vosotros, ya
está en camino. Si permanecéis en comunión con mi hijo,
podéis estar seguros de pasar a la otra vida. Vivid en la
esperanza. Cristo esperanza de Gloria, está en
vosotros.”(Jean Le Du, L’ Eucharistie comme sacrifice.)
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La eucaristía, se convierte
así en el legado más importante que Dios nos da, ya que a
través de ella nos ofrece a Jesucristo, su único hijo, quien
de manera voluntaria, vive el sacrificio de la muerte y
resurrección, para redimirnos de nuestras faltas.
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En el simbolismo de las
flechas ,interpretamos , como la eucaristía es fuente de
vida y salvación que inunda nuestro ser cada vez que
participamos de ella y sobre la calidad y cantidad de la
participación es donde esta nuestro mayor compromiso
cristiano. A partir de estas consideraciones podemos invitar
a los adolescentes y jóvenes a responder algunas
interrogantes :
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-¿ Cómo
puedo entender el hambre física de mi hermano, si mi alma
está hambrienta?
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-¿Con que
fortaleza cuento para ayudar a otros, si mi compromiso de
caridad esta debilitado?
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-¿Soy
responsable de mi fe o sólo es un acto de costumbre?
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Estas interrogantes
llevaran a los jóvenes a evaluar de manera constructiva,
la forma como están viviendo su compromiso cristiano, si
son testimonio de lo que predican en su vida cotidiana,
sobre todo en relación a los jóvenes y adolescentes que se
dedican a la catequesis. Las reflexiones enfocadas en estos
temas permiten la renovación de nuestro desempeño cristiano
y con el la apertura necesaria para identificar los signos
que constantemente el señor nos da. Esa actitud de
disponibilidad que nos da la renovación nos permite
conectarnos de manera sensible, acogedora, abierta y amorosa
consigo mismo y con los demás, haciendo de nosotros
verdaderos instrumentos de Dios.
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Finalmente, les dejamos el
siguiente gráfico, como el símbolo de un hombre renovado en
su fe y vivir cristiano . Si con nuestros planteamientos,
logramos su atención y su movilización a la reflexión
cristiana, nos damos por bien servidos, nos encantaría ser
participes de sus vivencias a partir de está lectura .Por
ello dejamos abierta la invitación a enriquecernos con su
testimonio
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<< En otro tiempo fuisteis
tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; caminad en la
luz>> (Ef 5, 8).
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